La saga God of War siempre fue sinónimo de calidad, narrativa potente y puntuaciones altísimas. Sin embargo, la llegada de God of War: Sons of Sparta generó un escenario distinto al que muchos esperaban.
Tras su lanzamiento, el juego debutó con la nota media más baja dentro de toda la franquicia en Metacritic, algo que rápidamente encendió el debate entre críticos y comunidad.
A diferencia de las entregas principales modernas, Sons of Sparta apuesta por una estructura diferente, con un enfoque más clásico y una propuesta que se aleja del modelo cinematográfico que popularizó la saga en los últimos años.
El resultado fue una recepción mixta. Algunos valoran la intención de experimentar y explorar otro formato dentro del universo de Kratos, mientras que otros consideran que el juego no logra alcanzar el nivel técnico ni narrativo que caracteriza a la franquicia.
Cuando una marca construye durante años una reputación tan sólida, cada nueva entrega carga con expectativas altísimas. En ese contexto, cualquier cambio de dirección genera comparaciones inevitables.
No se trata solo de si el juego es bueno o malo de forma aislada, sino de si está a la altura del estándar que dejaron títulos anteriores. Y en el caso de Sons of Sparta, la conversación gira justamente alrededor de esa comparación constante.
Más allá de la puntuación en agregadores de reseñas, el lanzamiento demuestra algo claro: la saga sigue generando impacto. Incluso una entrega con críticas divididas logra posicionarse en el centro del debate dentro de la industria.
Habrá que ver cómo evoluciona la percepción con el paso del tiempo y qué dirección tomará la franquicia en futuras entregas.